La recogida de firmas impulsada por el Sindicato de Inquilinas de Tenerife rompe el silencio institucional sobre un festival financiado con dinero público y relacionado con el entorno ultra de Daniel Esteve
La campaña creada por el Sindicato de Inquilinas de Tenerife y lanzada por Resist.es ya ha conseguido algo importante: romper el muro de silencio. ElDiario.es se hace eco de la recogida de firmas impulsada por Resist.es y el Sindicato de Inquilinas de Tenerife contra el Fit Experience Fest de Tenerife y pone sobre la mesa una pregunta incómoda para las instituciones canarias: por qué siguen financiando y promocionando un evento atravesado por vínculos con el universo político y empresarial de Desokupa.
No es una polémica inventada. No es una exageración. Los datos están ahí.
El próximo 9 de mayo, el Parque Marítimo de Santa Cruz de Tenerife volverá a acoger el Fit Experience Fest, organizado por Lifepro Nutrition, empresa que tiene como principal embajador a Daniel Esteve, líder de Desokupa y actualmente denunciado por la Fiscalía por “incitar al odio contra el colectivo migrante”. Mientras las administraciones venden el evento como una feria deportiva y juvenil, la realidad empieza a parecer otra cosa: un enorme lavado de imagen financiado con recursos públicos.
La campaña impulsada desde Resist.es para exigir la retirada inmediata del apoyo institucional al festival denuncia precisamente eso. Que el Gobierno de Canarias, el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Santa Cruz no están siendo neutrales. Están colaborando. Están legitimando. Y lo hacen mientras miles de personas en Canarias sufren precariedad habitacional, alquileres imposibles y amenazas de desahucio.
El Sindicato de Inquilinas de Tenerife lo resumió con una frase demoledora: “A estas alturas no podemos llamarlo descuido, hay que llamarlo colaboracionismo”.
EL DINERO PÚBLICO COMO LAVADORA REPUTACIONAL
La investigación publicada confirma que la Viceconsejería de Deportes del Gobierno de Canarias destinó 14.900 euros al evento mediante un contrato de patrocinio deportivo. El argumento oficial habla de promoción de la actividad física entre la población joven. Lo de siempre. La coartada perfecta para no hablar de quién organiza realmente el espectáculo.
Porque detrás del festival aparecen demasiados nombres ligados al ecosistema ultra.
El director ejecutivo del evento, Alejandro Monedero, promocionó públicamente el “Club Desokupa”. La propia web de Desokupa sigue patrocinada por Lifepro Nutrition. Y en anteriores ediciones participó Daniel Toledo, alias “Jacare”, conocido neonazi y exluchador de artes marciales vinculado al entorno de Desokupa.
Aun así, las instituciones siguen actuando como si nada de esto importara demasiado.
El Cabildo de Tenerife prefirió no responder. El Ayuntamiento de Santa Cruz se limitó a reenviar el comunicado de la empresa organizadora asegurando que el evento es “estrictamente deportivo sin ideologías políticas”. Un comunicado que ni siquiera aparece publicado en la web oficial del festival o en sus redes sociales. Mientras tanto, los vínculos empresariales y promocionales continúan visibles para cualquiera que quiera mirar dos minutos.
Y esa es quizá la parte más obscena de toda esta historia. La naturalidad. La comodidad. La ausencia absoluta de líneas rojas.
RESIST.ES LLEVA EL DEBATE A LA CALLE
La recogida de firmas ya superó las 300 adhesiones en su primer día y busca alcanzar las 10.000 para trasladar formalmente la petición a las instituciones implicadas. La exigencia es clara: retirada inmediata del patrocinio público, transparencia sobre el dinero destinado al festival y veto institucional a entidades que vulneren derechos humanos o difundan discursos de odio.
Porque aquí no se discute solo un evento. Se discute un modelo.
Un modelo donde empresas vinculadas a la extrema derecha encuentran altavoces públicos, subvenciones, campañas institucionales y espacios privilegiados mientras movimientos sociales, sindicatos de vivienda y colectivos vecinales son ignorados o criminalizados. Un modelo donde el negocio de la intimidación intenta disfrazarse de deporte, emprendimiento y motivación personal para hacerse socialmente aceptable.
Y funciona. Claro que funciona. Por eso es tan peligroso.
El propio festival mueve cantidades importantes de dinero. Las entradas cuestan 12 euros, el recinto tiene capacidad para 5.000 personas y los patrocinadores “Oro” llegaron a aportar hasta 50.000 euros en ediciones anteriores. Mucho negocio alrededor de una estética agresiva, hipermasculinizada y profundamente ligada al universo cultural de la ultraderecha digital.
Mientras tanto, las instituciones ponen el logo. La ciudadanía pone el dinero. Y Resist.es pone algo que demasiada gente intenta evitar: luz.