La agencia internacional Pressenza difunde el manifiesto por la bondad radical impulsado por Resist.es

Written by Resist.es — 17 de abril de 2026
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El texto lanzado el 1 de abril cruza fronteras y suma apoyos mientras crece la llamada a firmar contra el negocio global del odio

La conversación ya no es local. La agencia internacional Pressenza International Press Agency recoge el manifiesto por la bondad radical impulsado desde Resist.es y lo proyecta en un escenario global donde el problema —y la respuesta— comparten escala. No es solo una publicación más. Es una señal.

El manifiesto, lanzado el 1 de abril, parte de una afirmación directa: frente al odio, la bondad radical es el acto más peligroso que podemos sostener. No como consigna, sino como diagnóstico político.

Desde Resist.es lo planteamos sin rodeos. La bondad no es una cualidad individual ni una opción estética. Es una posición consciente frente a un sistema que necesita miedo, fragmentación y violencia simbólica para sostenerse. Ese es el punto de partida. Y también el conflicto.

La publicación de Pressenza no suaviza el mensaje. Lo amplifica. Lo sitúa en un circuito internacional donde el análisis encaja con otras realidades. Porque la lógica es la misma. Cambian los contextos, no el mecanismo.

El texto ya ha sido firmado por miles de personas y sigue abierto. La invitación sigue ahí, directa, sin filtros: sumarse al manifiesto por la bondad radical y asumir el papel que plantea.

El odio no es espontáneo, es rentable

El núcleo del manifiesto es incómodo porque señala con precisión. El odio no aparece solo. Se produce. Se distribuye. Y se monetiza.

El odio es una infraestructura. Se fabrica en entornos mediáticos, se amplifica a través de algoritmos diseñados para maximizar la reacción emocional y se convierte en rentabilidad política y económica. Cada bulo, cada discurso deshumanizador, cada narrativa de enfrentamiento cumple una función concreta.

Desplazar la atención. Dividir a la sociedad. Proteger estructuras de poder.

No es abstracto. Es operativo. Funciona porque hay participación. Porque necesita clics, necesita indignación dirigida, necesita que alguien compre ese relato y lo reproduzca. Necesita nodos. Personas. Nos necesita.

Ahí está la incomodidad. Porque el manifiesto no señala solo a grandes actores. También interpela a quien comparte sin verificar. A quien reacciona desde la ira inducida. A quien acepta simplificaciones interesadas.

Pero también abre una grieta. Porque si el sistema necesita participación, también puede ser interrumpido. En cada gesto. En cada decisión cotidiana.

Bondad radical como práctica de desobediencia

La propuesta de Resist.es no es retirarse. No es mirar hacia otro lado. Es intervenir de otra forma.

La bondad radical es sabotaje. No ingenuidad. Es comprender cómo funcionan los mecanismos de producción de odio y decidir no reproducirlos. Es asumir que la polarización no es un accidente, sino una herramienta de gobernanza.

Rechazar el odio no implica abandonar el conflicto. Implica reconfigurarlo. Negarse a aceptar marcos que reducen la complejidad a trincheras. Desobedecer narrativas que convierten a otras personas en amenazas.

Hay una línea clara en el manifiesto. No se trata de ser neutrales. Se trata de ser precisas y precisos. Nombrar la injusticia sin amplificar el odio. Denunciar el abuso sin replicar la lógica del enemigo. Señalar responsabilidades sin caer en la deshumanización.

Porque el sistema necesita esa confusión. Que mezclemos crítica con odio. Que confundamos justicia con venganza.

Frente a eso, la bondad radical plantea otra cosa. Una ética de la dignidad irreductible. Incluso cuando incomoda. Incluso cuando no es rentable. Incluso cuando no genera aplauso inmediato.

También hay una dimensión técnica. Entender cómo funcionan los algoritmos, cómo se construyen las burbujas informativas, cómo operan las campañas de desinformación. Detectar patrones. Romper automatismos.

Y construir alternativas. Redes de información verificadas. Espacios de conversación fuera de la lógica de la confrontación. Comunidades que prioricen el cuidado frente a la reacción.

No basta con no odiar. Hay que impedir que el odio se convierta en norma. No basta con no compartir bulos. Hay que desmontar las condiciones que los hacen eficaces.

La publicación en Pressenza no cierra nada. Abre más. Amplía el alcance de una idea que no busca consenso fácil, sino intervención consciente.

Porque en un sistema diseñado para convertir el miedo en beneficio, dejar de odiar no es pasividad. Es insubordinación.

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