La Junta declara el Nivel 2, activa el Cecopi y confina a un pueblo mientras León vuelve a comprobar que la prevención prometida no apaga incendios cuando llega tarde.
RIBOTA CONFINADA EN UN PARQUE NACIONAL EN LLAMAS
El incendio forestal de Ribota de Sajambre, en el municipio leonés de Oseja de Sajambre, dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa, se descontroló el 5 de julio hasta alcanzar el Índice de Gravedad Potencial 2. No hablamos de una cuneta ardiendo ni de un susto menor. Hablamos de fuego en un parque nacional, de un valle encerrado por el humo y de un pueblo, Ribota de Sajambre, confinado por decisión del Cecopi mientras las llamas bajaban por laderas empinadas. La naturaleza arde, la gente se encierra en casa y la administración vuelve a llegar explicando lo obvio cuando ya huele a ceniza.
El fuego empezó el 26 de junio a las 09.30 horas en una zona escarpada del valle de Sajambre. Según el parte de incendios de la Junta de Castilla y León citado por ILEÓN/elDiario.es, figura como causa probable un origen intencionado. Diez días después, la situación obligó a reunir el Cecopi pasadas las 20.30 horas del 5 de julio para evitar desgracias personales en un incendio descrito como “extremadamente complejo”: zonas de difícil acceso, pendientes brutales, roca suelta y una carretera que tuvo que ser cortada por desprendimientos. Todo muy nuevo. Todo muy imprevisible. Todo exactamente como se viene advirtiendo desde hace años.
La Consejería de Medio Ambiente declaró el Nivel 2 sobre las 17.00 horas al considerar que el incendio podía suponer un grave riesgo para la población y para bienes no forestales. Pasadas las 19.00 horas, la Junta recomendó a las y los vecinos de Ribota de Sajambre no salir de sus casas y bajar las persianas por el humo. Esa es la imagen: un pueblo bajo el frente de las llamas, dentro de un espacio de máxima protección, esperando que el viento cambie como si la política forestal pudiera delegarse en la suerte. Cuando la estrategia es rezar al descenso de temperaturas, lo que falla no es el monte. Falla el poder.
A última hora de la tarde, la situación mejoró. La bajada de temperaturas y el cambio de viento mantuvieron el fuego a media ladera y la Junta aseguró que Ribota ya no corría peligro inmediato, aunque las personas continuaron confinadas. La carretera de acceso al valle de Sajambre, en el cruce de la N-625 con la LE-2711, permaneció cerrada varias horas y fue reabierta al final de la tarde. Durante la jornada trabajaron 125 efectivos y 9 medios aéreos. Por la noche quedaron 39 efectivos sobre el terreno para tratar de cerrar el perímetro. Bien por quienes se juegan el cuerpo. Mal, muy mal, por quienes convierten cada verano en una ruleta rusa para brigadistas, agentes medioambientales, vecinas, vecinos y pueblos enteros.
La Junta explicó que las elevadas pendientes y la presencia de roca suelta desaconsejaron más descargas aéreas para evitar riesgos ladera abajo. El sábado el incendio pasó a Nivel 1 y el domingo a Nivel 2. El sábado a las 20.34 horas ya se había declarado el Índice de Gravedad 1, tras un recrudecimiento iniciado el viernes por la tarde que obligó a limitar el paso por la N-625, en el punto kilométrico 127,2, en ambos sentidos, por el humo. Desde el origen se asignaron al incendio 1 técnico y 8 agentes medioambientales o celadores, dentro de un total de 32 medios, cuadrillas y brigadas. En el momento crítico trabajaban 5 helicópteros, 4 cuadrillas terrestres, 4 autobombas, 4 equipos BRIF o ELIF, 3 técnicos y 6 agentes medioambientales.
LEÓN QUEMA HECTÁREAS MIENTRAS LAS INSTITUCIONES LICITAN EXCUSAS
La Junta habla de “nuevo escenario”: acumulación de material vegetal, temperaturas elevadas, olas de calor más intensas y duraderas, matorral convertido en combustible listo para arder. Correcto. El diagnóstico no es falso. Lo obsceno es usarlo como coartada. Porque si el escenario es nuevo, la política no puede seguir siendo vieja, lenta, burocrática y profundamente irresponsable. No se puede reconocer que el monte es una bomba climática y, al mismo tiempo, llegar tarde a desactivarla.
El incendio de Ribota de Sajambre no cae en el vacío. Llega después del desastre de 2025, cuando los grandes incendios forestales quemaron en León más de 135.000 hectáreas, el doble que la superficie de Madrid. Y llega mientras la provincia vuelve a ser la más golpeada por el fuego: según datos oficiales de la Junta recogidos por ILEÓN/elDiario.es, a 3 de julio ya se habían quemado 1.880,79 hectáreas en León desde el 1 de enero, de un total de 3.001,92 hectáreas en toda Castilla y León. Es decir, el 62% de todo lo quemado en la comunidad estaba en la provincia leonesa. Qué casualidad tan persistente.
Y aún faltaban en esas cifras los efectos de los 18 incendios de finales de junio en El Bierzo, que según la Junta habían arrasado unas 1.600 hectáreas. Ahí estaban el incendio de Congosto, con entre 500 y 600 hectáreas calcinadas; Pradela, en Trabadelo, con 150 hectáreas de arbolado y 200 de matorral, 350 hectáreas en total; y Vega de Valcarce, con 250 hectáreas de matorral quemadas. En la última actualización del caso de Ribota, Pradela figuraba ya con 336,78 hectáreas forestales quemadas y Vega de Valcarce con 223,86, sumando 560,64 hectáreas afectadas entre ambas. Esto no es una sucesión de accidentes. Es una estructura de abandono con nombre institucional.
También seguía bajo seguimiento el incendio de Sena de Luna, iniciado el 1 de julio, que obligó a cortar un carril de la autopista AP-66 León-Asturias y superó las 100 hectáreas afectadas, aunque rebajó su riesgo a IGR 0. La autonomía permanecía en alerta por riesgo meteorológico de incendios forestales hasta el 8 de julio, con altas temperaturas, baja humedad, tormentas y viento. Durante ese periodo quedaron prohibidos el fuego en el monte, las barbacoas, la pirotecnia y el uso de maquinaria que pudiera generar chispas en el monte o en su entorno de 400 metros. La ciudadanía recibe prohibiciones. Las instituciones, mientras tanto, reparten retrasos.
Porque ahí está el núcleo político del incendio. El operativo de la Junta no estaba completado casi tres semanas después de iniciarse la temporada alta de riesgo, que comenzó el 12 de junio: de los 5 helicópteros comprometidos para León, solo había 3, con 2 pendientes, y tampoco estaban completas las brigadas ni la vigilancia en torres, según fuentes sindicales recogidas por ILEÓN/elDiario.es. La Diputación de León comunicó el 3 de julio que licitaba por 1,9 millones de euros maquinaria para prevención, pero el proceso venía de abril y acumulaba 5 meses de retraso desde que la Junta le transfirió el dinero. La ejecución podía llegar hasta noviembre, cuando ya habría pasado la campaña alta, que termina en octubre. Prevención en diferido. Bomberos para el calendario. Maquinaria contra incendios cuando el monte ya sea ceniza.
Y todo esto ocurre en Picos de Europa, un espacio que no es decorado turístico ni postal para vender escapadas de fin de semana. El Parque Nacional de la Montaña de Covadonga fue declarado el 22 de julio de 1918, y el 30 de mayo de 1995 las Cortes aprobaron la declaración del Parque Nacional de los Picos de Europa. Es alta montaña, memoria, biodiversidad, pueblos, actividad ganadera, caminos y vida. En la parte leonesa hay población dentro del parque en Oseja de Sajambre y Posada de Valdeón. No es un museo vacío. Es territorio habitado.
Por eso lo de Ribota de Sajambre duele más. Porque cuando arde un parque nacional no solo arden matorrales, pastos o superficie arbolada. Arde una forma de vivir, arde una promesa pública de protección, arde la credibilidad de quienes se llenan la boca con el mundo rural y luego lo dejan encerrado entre humo, carreteras cortadas y partes oficiales. El monte no se abandona solo: alguien firma los retrasos, alguien guarda los presupuestos, alguien decide llegar tarde.