La borrasca que azota España: cuando el cielo se desborda y el sistema se encoge

Escrito por Resist.es — febrero 4, 2026
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El tren de borrascas no es una anomalía meteorológica sino el resultado directo de un modelo económico que recalienta el planeta y normaliza el desastre.

España encadena borrascas como quien encadena crisis. Seis en apenas cinco semanas. Todas con nombre propio, todas con impactos reales sobre vidas, barrios y territorios. En enero de 2026 cayeron 119 litros por metro cuadrado de media, cuando lo habitual son 64. Un 85% más. El enero más lluvioso en 25 años. No es una casualidad estadística ni un capricho del clima. Es la consecuencia material de décadas de emisiones, extractivismo y negación política.

La explicación técnica existe y está encima de la mesa. La corriente en chorro, ese río de aire que regula el clima del hemisferio norte, está alterada. Ya no circula con la fuerza y la estabilidad que tenía cuando la diferencia térmica entre el Ártico y el ecuador era mayor. El calentamiento acelerado del polo norte, provocado por las emisiones masivas de CO₂, ha debilitado ese gradiente. La cuerda se ha aflojado. Donde antes había una circulación recta y rápida, ahora hay ondulaciones lentas, bloqueos persistentes y trayectorias desviadas.

LA CORRIENTE EN CHORRO YA NO FUNCIONA COMO ANTES

Según ha explicado la Agencia Estatal de Meteorología, el anticiclón de las Azores no está donde debería. Se ha desplazado hacia el norte, entre Groenlandia y Escandinavia, bloqueando el paso habitual de las borrascas atlánticas. El resultado es simple y devastador: la corriente en chorro baja de latitud y empuja los frentes directamente contra la península ibérica, uno tras otro.

No es un fenómeno aislado. Desde octubre de 2025, ya han pasado 12 borrascas de alto impacto, la mitad de toda la lista prevista para la temporada por el Grupo Suroeste Europeo. En lo que va de 2026, los nombres se acumulan: Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin y Leonardo. La repetición no es azar. Es patrón.

El mecanismo es conocido. Océanos más calientes evaporan más agua. Una atmósfera más cálida retiene más humedad. Cuando esas masas cargadas de vapor chocan con sistemas bloqueados, descargan con violencia. Lluvias más intensas, más persistentes y más concentradas. No es solo que llueva más, es que llueve peor, en menos tiempo y sobre territorios ya tensionados por la urbanización salvaje y la precariedad en la gestión pública.

CUANDO EL CAPITALISMO CALIENTA, EL CLIMA GOLPEA

La ciencia lleva años advirtiéndolo. Un estudio del Mediterranean Experts on Climate and Environmental Change (MedECC) y otro del IPCC coinciden en un dato clave que ya no admite eufemismos: el calentamiento global multiplica por cuatro la intensidad de las lluvias torrenciales en España. No es una proyección futura, es una realidad presente.

Aun así, el discurso negacionista aprovecha cada episodio de frío puntual para sembrar confusión. En junio de 2024, España registró una media de 0,2 ºC por debajo de lo normal. En enero de 2026, Estados Unidos sufrió picos de frío extremo. La reacción fue inmediata. Donald Trump, presidente de EE. UU., volvió a burlarse del cambio climático mientras miles de personas sufrían las consecuencias. El cinismo como estrategia política.

Pero el frío episódico no desmiente el calentamiento global. Lo confirma. Una corriente en chorro debilitada permite que masas de aire ártico bajen más al sur, igual que permite que el aire cálido suba más al norte. Es el mismo fenómeno. Más extremos, más caos, más violencia climática.

La raíz del problema no está en la meteorología, sino en la economía. Un sistema que necesita crecer sin límites en un planeta finito. Un modelo energético basado en fósiles que sigue recibiendo subvenciones públicas mientras se recortan servicios de emergencia, prevención y adaptación. Se socializan los daños y se privatizan los beneficios.

España no está viviendo un invierno extraño. Está viviendo el clima de un mundo recalentado. Cada borrasca es un recordatorio de que la crisis climática no es un debate, es una factura, y siempre la pagan las mismas personas.

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