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La protección de un lugar como este, ya no solo por su valor ecológico y cultural (por si no fuera suficiente), supone un beneficio de valor incalculable a corto y a largo plazo para toda la población. A diferencia de la mina, cuyo valor productivo recae en beneficios de pocos y puede derivarse a otros espacios, el establecimiento de espacios naturales en zonas con creciente desarrollo urbanístico supone una planificación del territorio en beneficio de la salud no sólo del medio ambiente, sino de toda la población, reduciendo efectos negativos en la salud por lel exceso de calor en áreas urbanas y la contaminación de todo tipo, incluso la acústica. Es por ello que respetar un lugar como este es esencial para el bienestar de la población, pudiendo convertirse en un potencial ejemplo de desarrollo urbanístico más amigable con la salud humana y el medioambiente, en medio de un periodo de pérdida de biodiversidad y de crecimiento urbanístico insano